Brimt

“El carnicero que amaba su oficio” – Relato de Jofre, Brimt y Jort

Fragmento del relato

Buenos días Personas, hoy, tras un largo periodo sin saber de mí, os traigo un fragmento del relato “El carnicero que amaba su oficio”, os presentó aJofre, Brimt y Jort, tres carniceros que viven en Bagún, al suroeste de Domhan, espero que lo disfrutéis.

Desde que tengo uso de razón mi familia ha estado ligada a la tierra. Desde mucho antes que mi bisabuelo aceptase un trozo de tierra en Bagún y decidiera construir una granja. Aquel hombre humano proveniente de Dulroc, al este de Belmonte, decidió aprovechar la ocasión que le brindó la vida de poder dejar de trabajar para otro y cumplir su sueño de tener un campo en propiedad, aunque eso supusiera coger a toda su familia, meterla en un barco volador y mandarla a vivir al reino yrteda, a un pueblecito de pocos habitantes y costumbres sencillas.

Mi bisabuelo invirtió mucho tiempo y esfuerzo en levantar un hogar para su familia, preparar la tierra para ser sembrada y, con el tiempo, construir establos para los animales.

Mis abuelos siguieron ampliando la granja, comprando nuevas tierras y aumentando la cantidad de ganado e incluso pudieron contratar a algunos empleados, en poco tiempo el gremio de agricultores y ganaderos llamó a su puerta, otorgándoles la posibilidad de acceder a un mercado mayor, a mejores precios para la maquinaria y las herramientas y a la posibilidad de recibir un incentivo a cambio de enseñar a las nuevas generaciones de agrónomos.

Fue precisamente mi abuela la que me enseñó las primeras nociones de carnicería, viendo que yo mostraba mucho más interés por convertir a los animales en alimento que en criarlos o dedicarme al cultivar los campos.

Para cuando mis padres tomaron las riendas la idea de mi bisabuelo había pasado de ser un sueño de autosuficiencia a una empresa que permitía vivir sin demasiadas preocupaciones.

Cuando acabé mis estudios primarios y tuve que decidir qué rumbo quería tomar en la vida ya tenía bien claro que quería dedicarme a la carnicería, de modo que me matriculé en los estudios de elaboraciones alimentarias y al finalizar sus cuatro años de duración me decante por especializarme en la elaboración y procesado de productos cárnicos. Tres años más tarde ya estaba listo para empezar a trabajar como carnicero.

Gracias a los contactos que mi familia tenía en el gremio de Procuradores me pusieron en contacto de inmediato con una carnicería que había en el pueblo de al lado, un pueblo bastante más grande que el nuestro.

La carnicería en cuestión resultó ser un local de dos plantas: en la planta de arriba, la que daba a la calle, era dónde se atendía a los clientes, en la planta de abajo estaban situadas las salas de despiece y las cámaras frigoríficas.

Los dueños eran dos hombres yrteda, los cuales en ningún momento trataron de ocultar la relación de matrimonio que mantenían, tampoco escaseaban las muestras de afecto entre ellos. A parte de ellos no trabajaba nadie más en la carnicería, tampoco era necesario, Jortz atendía el mostrador y contactaba con los proveedores y Bnimt se encargaba de la sala de despiece y de mantener las cámaras ordenadas, de la limpieza se encargaban a medias.

El primer llegué con algo más de una hora de antelación, quería conocer el lugar y causar una buena impresión.

—Tú debes de ser  “iogre” —dijo Jortz al verme entrar en la tienda, pronunciando mal mi nombre—, llegar pronto, eso me gusta.

—Sí, soy yo, he preferido llegar antes de hora —respondí—, pero mi nombre se pronuncia Jofre.

—Oh, perdona —se disculpó Jortz—, no estoy muy habituado a las palabras humanas, ¿Puedes repetirlo por favor?

—Sí claro, es Jofre, la primera letra se pronuncia casi como una “tg” y la consonante del medio es exactamente igual que la “h estridente” la última vocal es como la “a” semicerrada, pero más corta.

—Intentaré pronunciarlo bien —dijo Jortz—, pero ya te digo que me costará.

—No te preocupes, me hago cargo —dije sonriendo—, nuestros idiomas y sus variantes regionales son muy diferentes el uno del otro.

—Sí, pero no me gusta cambiarle el nombre a nadie —respondió Jortz—, me lo apuntaré fonéticamente, a propósito, si bajas por esas escaleras llegarás al piso de abajo, allí mi marido está preparando el género, tengo que preparar los pedidos, ¿Te importaría ir con él, presentarte y que te enseñe la tienda?

—Claro, sin problema.

Jort echó mano de su rólomo y a través de la pantalla holográfica pude ver como escribía mi nombre con los caracteres fonéticos, después guardó esa nota y la dejó en el escritorio, justo cuando empecé a marcharme abrió el programa de gestión de inventarios que tanto detesté durante mis estudios.

Aferrándome al pasamanos baje las escaleras con rapidez, lo primero que vi fue un largo pasillo, con puertas metálicas a cada lado, supuse que serían las diferentes cámaras frigoríficas, al fondo, pegada al techo, había una señal que indicaba la salida de emergencia: una puerta roja con una gran palanca horizontal como sistema de apertura.

—Tú debes de ser el aprendiz que nos mandan desde el gremio —dijo una voz a mis espaldas—, Jofre si mal no recuerdo.

—Sí, soy el chico nuevo —dije tendiendole la mano, habiendo percibido como había pronunciado correctamente mi nombre—, es un placer estar aquí.

—Es muy pronto aún para que digas eso —dijo el yrteda estrechándome la mano al tiempo que sonreía—, mi nombre es Bnimt, luego te enseño todo esto, pero antes tenemos que rellenar tu contrato y tienes que responder a un pequeño cuestionario.

—¿Es el de salud laboral verdad? —Pregunté—, desde el gremio me dijeron que solían hacerse a los aprendices.

—No, es un sólo para recoger algunos datos tuyos —respondió Brimt—, de todas formas tengo que decirte que estoy en contra de los cuestionarios médicos, tu salud es cosa tuya, a menos que tengas algo contagioso o que requiera que te tomes la baja no tienes porque decirnos nada.

—Entendido —respondí.

—Sigueme, vamos al despacho —dijo Brimt girándose y yendo en dirección al pasillo que quedaba detrás de las escaleras.

—He notado que has pronunciado bien mi nombre —advertí—, a Jort no le ha resultado tan fácil.

—Tengo familia Llacuna Verda —respondió Brimt—, a veces vamos de visita en vacaciones y respecto a Jort, no te lo tomes como algo personas, es muy malo para los nombres y para los idiomas, sin embargo tratando con la gente es un hacha.

—¿Tan bueno es? —Pregunté mientras ambos caminábamos por el pasillo.

—Es una pasada —respondió Brimt—, le he visto vender cantidades enormes de carne a la gente, tanto que han tenido que pedir que se las lleve alguien a casa por no poder cargar con ellas y con los proveedores hace lo mismo, siempre consigue alguna oferta o rebaja.

—Caray, entiendo que es por eso que él está arriba —dije.

—Por eso y porque mi especialidad es el despiece de las canales —respondió Brimt—, hemos llegado ya —dijo abriendo una puerta—, pasa por favor.

La habitación no era muy grande y, como el resto de lo que había visto hasta ahora, estaba extremadamente limpio. En la habitación había un largo sofá, un escritorio, un ordenador, varias sillas, una estantería con libros y una ventana con barrotes que parecía dar a la calle, en la cual también había una mosquitera, del techo colgaba una lámpara anti-insectos.

—Siéntate aqui si eres tan amable Jofre —dijo Brimt tendiéndome la silla de al lado del ordenador—, yo me sentaré a tu lado y rellenaré el cuestionario con lo que me respondas, si hay alguna pregunta que no quieres responder eres libre de no hacerlo, ¿Empezamos?

—Claro —respondí con una sonrisa—, cuando quieras.

—Perfecto —dijo Brimt—, primera cuestión, nombre completo.

—Jofre Eusebi Carboner EstFlavi —respondí.

—¿Está bien escrito? —Preguntó Brimt.

—Sí, está bien —respondí tras leer mi nombre en la pantalla flotante.

—Vale, siguiente, ¿Edad? —Preguntó Brimt.

—Veinticinco —respondí.

—Veinticinco —repitió Brimt mientras tecleaba—, ¿Número de afiliación gremial?

—Cuatro seis, cinco nueve uno, dos dos cuatro siete, uno tres, uno seis —respondí.

—¿Te lo sabes sin mirarlo? —Pregunto Brimt—, caray son trece dígitos.

—Decidí aprendérmelo por si acaso —respondí—, por si perdía el carné y necesitaba dar mi número a alguien.

—Eres un chico precavido, me gusta —dijo Brimt—, veamos ¿Fecha de nacimiento?

—Treinta y cuatro de febrero del cuatro mil setecientos treinta y siete —respondí.

—Así que naciste a finales de verano —dijo Brimt mientras seguía introduciendo datos.

—Sí, poco antes de la temporada de cosechas —respondí.

—Mira que bien —exclamó Brimt—, tus datos académicos ya vienen introducidos, caray, fuiste muy buen estudiante, tu media es bastante alta.

—Siempre me tomé los estudios en serio —respondí—, salvo algún que otro tropiezo no solía suspender.

—Forma parte del proceso de aprendizaje, de todas formas un nueve coma setenta y seis es bastante loable —respondió Brimt—, sigamos, ¿Te manejas bien con los conjuros del oficio?

—Bueno, los conozco y los uso —respondí—, pero no soy capaz de mantenerlos mucho tiempo activos, mi cuerpo retiene poco dariré.

—Entiendo, no te preocupes, tenemos herramientas para eso —respondió Brimt—, de todas formas tal vez sea un problema de canalización y no de resistencia, es posible que si aprendes a regular el caudal puedas mantener los conjuros activos más tiempos.

—Es posible, nunca he necesitado conjurar durante demasiado tiempo, pero lo miraré —respondí.

—No tienes que ir muy lejos Jofre —dijo Brimt poniéndome una mano en el hombro—, aquí estamos para enseñarte todo lo que necesites, la magia de corte y conservación parte del arte de ser carnicero, lo podemos incluir en tu plan de formación.

—Pues puede estar bien —dije—, muchas gracias Brimt.

—De nada, sigamos con esto que ya casi hemos terminado —dijo Brimt sonriendo—, ¿Tu talla de ropa y mano?

—De camiseta una treinta y dos, de pantalón una cuarenta y ocho y de mano un ocho y medio —respondí.

—Eres un pelín pequeño hasta para ser humano, ¿Verdad?

—Sí, no soy demasiado corpulento —respondí—, además comparado con un yrteda debo parecer escuálido.

—Un poco sí —se rió Brimt—, pero la constitución de los yrteda y la de los humanos es muy diferente, no son comparables para nada.

—No, supongo que no —respondí sonriendo.

—Veo que tu nota en el test de aptitudes es un poco baja —dijo Brimt bajando entre las preguntas del cuestionario—, ¿Qué pasó, tuviste un mal día?

—Me bajaron nota porque tuve que utilizar un cuchillo físico —respondí—, me puse nervioso y no fui capaz de conjurar nada.

—¿Te importaría que te repitiese la prueba? —Preguntó Brimt—, Me gustaría saber cuál es tu nivel realmente.

—En absoluto —respondí—, de hecho me encantaría que dado que tienes que enseñarme tú vieras por dónde tienes que empezar.

—Veo que eres muy perspicaz —dijo Brimt—, vale, llega la parte del cuestionario que no me gusta nada, ¿Algún problema de salud que debamos saber?

—No, no me han operado de nada importante, no tengo alergias graves ni tomo ningún tipo de medicación —respondí.

—De acuerdo —respondió Brimt marcando las casillas del “no”—, ¿Te interesa apuntarte al plan de salud del gremio

—¿Me lo recomiendas? —Pregunté.

—Encarecidamente —respondió Brimt—, tienen un plan de prevención de enfermedades laborales bastante más específico que el sistema sanitario habitual, es gratuito también.

—Vale, apúntame entonces —respondí.

—Genial, apuntado —respondió Brimt—, vale, ¿Estado civil?

—Soltero —respondí.

—¿Tu dirección es la que aparece aquí? —Preguntó Brimt.

—A ver —dije acercándome a la pantalla—, sí, es correcta.

—¿Los números de identificación personas y el de afiliación laboral también?

—Déjame mirar… Sí, son ambos correctos.

—¿Tu correo electrónico es este? —Preguntó Brimt.

—Sí, “joeucaes@correo9.inf” —respondí.

—¿Ese es el número de tu rólomo? —Preguntó

—Sí, es correcto —dije, empezando a estar ya un poco harto de tanta pregunta.

—Vale, pues eso es todo —dijo Brimt—, vas a recibir un correo electrónico con tu contrato para que hagas la firma digital, ¿Sabes cómo funciona?

—Sí, recibo una clave en otro mensaje que dura quince minutos, la introducto y se da por firmado el contrato.

—Eso es —dijo Brimt—, disculpa por todo el rollazo, pero es necesario para llenar tu ficha de trabajador, la parte buena es que a partir de ahora no necesitarás rellenar más, cualquier futuro trabajo que tengas rescatará estos datos.

—Bueno es saberlo —respondí.

—Vale, sígueme hasta el vestuario, te voy a dar la ropa, el guante de malla y un juego de cuchillos — dijo Brimt levantándose de la silla y dirigiéndose a la puerta.

—Te sigo —respondí.

Brimt abrió la puerta para que saliera delante, luego la cerró detrás de sí. Abrió la puerta de justo en frente, esta habitación era de un tamaño similar a la anterior, en esta había un pequeño banco hecho de barras de acero, seis taquillas, tres lavamos y , a juzgar por las puertas, dos aseos y tres duchas.

—Espérame aquí que voy al almacén a ver si te encuentro la ropa —dijo Brimt—, mientras tanto mira a ver si te ha llegado ya el contrato.

—Vale, aquí está —le respondí a Brimt mientras miraba mi bandeja de correo electrónico—, voy a irlo firmando.

—Perfecto, vuelvo enseguida —dijo Brimt cerrando la puerta.

Abrí el correo con mi contrato y le eché un vistazo, para mi sorpresa mi horario de trabajo sería de ocho horas diarias, con una hora para desayunar, de lunes a viernes y cobrando exactamente lo mismo que por una jornada de diez horas, acceso a cincuenta horas médicas y a cuatro días de vacaciones por mes trabajo, resumiendo: un contrato de prácticas con las mismas condiciones que un contrato indefinido. Sin pensarlo dos veces firmé el contrato de inmediato. Poco después Brimt abrió la puerta, llevando en una mano varias prendas de ropa envasadas en una cobertura de lignina transparente.

—Aquí está tu ropa —dijo dejando los fardos encima del banco—, las taquillas de la derecha están libre, sincroniza la cerradura con tu rólomo, no me he acordado de preguntarte qué número calzas.

—Un cuarenta —respondí—, ¿No venía en el cuestionario esa pregunta?

—No, es un cuestionario estándar, no vienen las peculiaridades de cada oficio —respondió Brimt—, de todas formas he visto que ya lo has firmado.

—Sí, acabo de hacerlo —respondí—, he visto que tengo muy buenas condiciones.

—Eso es porque nos gusta ser justos con la gente —respondió Brimt.

—Muchas gracias —respondí—, me has dicho antes que de las seis taquillas hay cuatro que ya están ocupadas, ¿Verdad?

—Sí, una es mía y otra es de Jort —respondió Brimt—, las otras dos son de Okimi, una chica gekjo que trabaja sólo de tardes y de Naruü, un chico konei que hace fines de semana y algún día suelto que le necesitamos porque no damos a basto.

—¿Ellos están también de prácticas? —Pregunté.

—Naruü sí, lleva aquí un par de meses —respondió Brimt—, Okimi lleva casi cinco años con nosotros, pero también empezó aquí como aprendiz.

—Ya veo, ¿Hay posibilidad de quedarse? —Pregunté.

—Sí lo haces bien sí —respondió Brimt—, hablando de eso, cada mañana cuando llegues tienes que ducharte aquí antes de ponerte la ropa de trabajo, verás que en la ducha hay dos jabones: uno de color miel y el otro de color perla, el primero es para cuando entras a trabajar, es un antiséptico y un anticaida, en tu caso como tienes poco vello corporal no es tan necesario, el de color perla es un jabón normal, es para que te quites los efectos del de color miel.

—Entendido —respondí—, entonces nada más entrar, antes de ponerme la ropa de trabajo me ducho con ese jabón y al salir me ducho con el otro.

—Bueno, nosotros lo que hacemos al salir es ducharnos primero con el antiséptico y luego con normal, así nos aseguramos de quitarnos también cualquier resto de sangre y demás que se nos haya podido quedar —dijo Brimt—, y por supuesto te puedes duchar todas las veces que consideres oportuno, a menos que te pases el día bajo el agua nadie te dirá nada.

—De acuerdo, voy a ducharme —respondí.

—Si ves que la ropa te vale te daré varias prendas más de repuesto —dijo Brimt—, ahora vuelvo con tus zapatos, luego te explico dónde tienes que dejar la ropa sucia y cada cuánto debes cambiarla.

—Perfecto, hasta ahora —dije.

Cuando Brimt cerró la puerta tras de sí me dirigí hacia una de las duchas, al abrir la puerta ví un banco más corto que el de fuera que estaba hecho exactamente igual, también ví una puerta de cristal opaco, que supuse que daba a la ducha en sí. Estaban pensadas de tal manera que uno se podía cambiar y duchar con total intimidad. Fui a recoger la ropa y la dejé en el banco de dentro de la ducha, después me desnudé y dejé la ropa que llevaba en otro rincón del banco, abrí cada una de las bolsas de lignina que Brimt me había dado, en ellas, además de un polo, un delantal y unos pantalones había también unos calzoncillos, todo de color granate, supuse que de haberme preguntado antes el número de pie también me habría traído algunos calcetines.

Abrí la ancha puerta de cristal y observe la ducha tamaño yrteda que colgaba del techo como un enorme sombrero de metal. Suspendidos en la pared estaban los contenedores con los jabones que me había comentado Brimt. El rólomo que flotaba por encima de mi muñeca emitió un sonido aquático, algo que nunca había hecho hasta la fecha, una pequeña pantalla rectangular apareció encima de él: las duchas se controlaban también a través del rólomo, para evitar tocar ninguna superficie. La recomendación del programa era ducharse con el agua a cuarenta grados, frotarse bien todo el cuerpo con el jabón, dejarlo actuar un par de minutos y aclararse con agua a venticinco grados, de esa manera se conseguía que se abrieran los poros con el agua caliente, se limpiaran bien y luego se cerrasen con el agua fría.

Accioné el agua y ésta empezó a caer como si fuera una fina y persistente lluvia, al principio estaba muy caliente para mi gusto, pero me acostumbré enseguida. Cuando me sentí lo suficientemente mojado apagué el agua y puse la mano debajo de la jabonera para que cayera algo de su contenido sobre ella, cuando tuve el jabón en mi mano lo acerqué a mi nariz para ver a qué olía, pero mi nariz no captó ningún olor en aquel jabón, tras enjabonarme bien y dejarlo un rato sobre mi piel decidí que era hora de aclararme, de modo que accione de nuevo el agua, esta vez relativamente fría.

La diferencia térmica hizo que diera un respingo y que mi respiración se acelerase, por suerte mi cuerpo volvió a acostumbrarse pronto. Tras un par de minutos mi cuerpo estaba completamente libre de jabón y espuma, mi piel estaba tersa, suave y limpia, al igual que mi pelo. Para secarme accioné el ventilador que tenía la alcachofa de la ducha que tenía sobre la cabeza, una potente ráfaga de aire ligeramente frío empezó a empujar las gotas de agua que tenía depositadas encima del cuerpo, luego se activó la ráfaga de la pared de enfrente de la puerta, así que comencé a girar sobre mi mismo para secarme por delante y por detrás, finalmente se activó el sistema de secado del suelo, acabando por expulsar cualquier gota díscola que hubiera preferido seguir aferrada a mí en lugar de ir a reunirse con sus compañeras al desagüe.

Abrí la puerta de cristal y me dispuse a vestirme, cuando iba por los pantalones alguien picó a la puerta que daba al vestuario.

—¿Estás visible? —Preguntó la voz de Brimt al otro lado de la puerta.

—Sí —respondí abriendo la puerta—, ¿Qué necesitas?

—Vengo a darte calcetines y zapatos —respondió Brimt—, ¿Te has aclarado con la ducha?

—Sí, las de casa funcionan exactamente igual —respondí.

—Perfecto entonces, toma —dijo Brimt dándome varios pares de calcetines y unas botas negras envueltas en lignina—, termina de vestirte y te espero fuera.

Tras abrir uno de los paquetes de calcetines, remangarme los pantalones y ponérmelos en los pies me puse el polo y después los zapatos, finalmente me puse el delantal, dándole varias vueltas en la cintura al larguísimo lazo que tenía para atarlo. Me miré en el espejo que tenía justo delante, el granate me sentaba bien, muy bien, sonreí a mi yo del espejo guardé mi ropa en la taquilla, dejándola bien puesta en perchas y me dispuse a salir a para empezar con mi primer día de trabajo.

Brimt me estaba esperando afuera, sin decir nada me hizo un gesto para que lo siguiera, tras un breve paseo llegamos a lo que parecía ser una de las neveras. Cuando Brimt se paró delante de la puerta está reaccionó y se abrió, dejando escapar un aire bastante frío, al entrar dentro pude observar que todo estaba inmaculadamente limpio y bien ordenado. Ninguna de las paredes presentaba rastro de humedad ni condensación.

Brimt fue directo hacía una de las estanterías donde se almacenaban los mamíferos de pequeño tamaño, buscó entre los celerantos espinados y seleccionó un ejemplar cuya fecha de caducidad era la más próxima. Los celerantos espinados son una especie de marsupiales que sólo habitan en Bagún, son algo entre un cerdo y un equidna, sólo que en lugar de púas tiene unos huesos acabados en punta que están recubiertos de carne comestible, por lo que prácticamente se utiliza todo el animal.

—Sé que no es una pieza homologada —dijo Brimt—, pero me servirá para saber que bien te desempeñas con algo pequeño, lleno de huesos y fácil de destrozar.

—Ya veo, quieres ver de que soy capaz —dije.

—No te lo tomes como un exámen —dijo Brimt—, necesito saber exactamente cuáles son tus puntos fuertes y cuáles son tus puntos a mejorar.

—No pienso que sea una exámen —dije sonriendo—, entiendo que sólo lo haces porque la valoración que me hicieron te parece injusta y quieres tener tu propio criterio.

—Sí, es justo lo que tenía en mente —dijo Brimt—, vale, vayamos al obrador y empecemos, dentro un rato empezarán a llegar los proveedores y los clientes.

Brimt salió de la cámara frigorífica delante, volvimos por dónde habíamos venido y pasamos por delante de la puerta del vestuario, hasta que llegamos a una zona del pasillo que tenía el muro de cristal, lo que permitía ver las mesas metálicas en el interior de la sala, continuamos un poco más hasta que llegamos a la puerta doble.

Brimt empujó la puerta con una mano y la aguantó para que yo pasase. Después dejó el celeranto encima de una de las mesas, las cuales desprendían un ligero olor a desinfectante y relucían tanto que parecían recién salidas de fábrica.

—Lo primero que vas a hacer es deshuesarlo —dijo Brimt—, quiero verte utilizar la magia.

—De acuerdo —respondí.

Entre mis dedos índice y pulgar hice aparecer un cuchillo de dariré de un suave tono esmeralda, clavé el cuchillo en el cartílago que une los huesos puntiagudos y, pese haber atravesado la carne del animal, el cuchillo sólo dañó las partes que yo pretendía, después, mientras aún estaba el cuchillo clavado emití un pulso de fuerza, para separar el hueso de la carne, después desconvoque el cuchillo y tiré del hueso descarnado para sacarlo de del animal. Repetí la operación varias veces hasta que la espalda del animal quedó completamente desprovista de huesos.

—Vale, no es necesario que sigas —dijo Brimt—, he visto suficiente deshuesado, corta y filetea las púas.

Convocando de nuevo el cuchillo seccione las púas y las deposité encima de la mesa, luego empecé a cortarlas en forma de aro. Cuando llevaba tres de las púas Brimt me hizo parar de nuevo.

—Suficiente, tómate un pequeño descanso, estás agotado —dijo Brimt.

—¿Cómo me has visto hasta ahora? —pregunté desconvocando el cuchillo y jadeando ligeramente.

—Sin duda tienes talento, confianza y buen pulso —dijo Brimt—, evidentemente te queda mucho por aprender, pero tienes buena base, sólo hay un problema.

—¿Qué problema? —Pregunté aun resoplando.

—Tu forma de conjurar —respondió Brimt—, gastas diez veces más dariré del necesario para conjurar, no me extraña que acabes agotado, lo que no entiendo es cómo has aguantado tanto tiempo sin desmayarte.

—¿Quieres decir no tengo poca capacidad de acumular dariré en el cuerpo sinó que gasto mucho de golpe? —Pregunté algo sorprendido.

—Eso es exactamente lo que digo —respondió Brimt—, de hecho tu cuerpo puede almacenar muchísimo dariré, pero no tienes un limitador de caudal.

—¿Cómo es que nadie me lo ha dicho hasta ahora? —Pregunté.

—Porque a menos que des con alguien sensible a los cambios de concentración del dariré es muy difícil de detectar —respondió Brimt—, es algo relativamente común y mucho más fácil de solucionar que la falta de dariré.

—Me alegra saber eso —dije algo recuperado—, ¿Y cómo crees que puedo ponerle solución?

—No soy un experto en el tema —respondió Brimt—, pero creo que te vendría bien saber porque necesitas conjurar de manera tan egoísta.

—¿Egoísta? —Pregunté sin saber a qué se refería.

—Es el término que utilizan los magos cuando quieren decir que alguien conjura utilizando únicamente el dariré del que dispone en el cuerpo en lugar de usar el que tiene a su disposición en el entorno —respondió Brimt.

—Vale, creo que lo entiendo —dije—, es como si en lugar de respirar el aire que tengo alrededor únicamente quisiera usar bombonas para respirar.

—Sí, algo así, es un buen símil—dijo Brimt—, uno de nuestros amigos más cercanos es profesor en la universidad de estudios mágicos de Vigref, suele venir mucho por aquí, un día que venga puedo hablarle de tí y seguro que alguna solución podrá darte.

—Eso sería genial —respondí ilusionado ante la idea de poder solucionar mi problema.

—Veo que vas a sacar mucho más de aquí de lo que habías pensado en un principio —dijo Brimt acariciándome la cabeza—, bueno, recogamos la sala y vayamos a prepararnos para recibir la mercancía, hoy nos traen poca cosa.

—De acuerdo —respondí.

Brimt recogió los cortes de carne que había preparado mientras yo me dediqué a tirar los huesos al contenedor correspondiente. Utilizando la magia Brimt terminó de deshuesar el celeranto, lo cortó a cuartos, depositó todas las partes en una bandeja y la selló para que estuviera estanco, después bajó la temperatura para que estuviera en la temperatura óptima de conservación y después hizo que desapareciera, supuse que lo teletransportó a la cámara de elaborados.

Después Brimt roció líquido de limpieza por la mesa que habíamos usado, convocó una bayeta, la pasó concienzudamente por la superficie metálica y luego hizo desaparecer la bayeta. Me sentí un poco mal al ver con la soltura que se manejaba Brimt usando la magia, yo no era capaz de algo similar por el momento, tenía la sensación de que iba a tardar mucho más que ellos en hacer el mismo trabajo y que eso les haría perder mucho tiempo.

Después ambos nos lavamos las manos con el jabón especial y nos dirigimos hacia la zona de recepción, la cual daba a la calle de atrás de la carnicería, que casualmente estaba al mismo nivel que la planta de abajo de la tienda, de modo que era muy fácil separar el tráfico de materias primeras, el de residuos y el de la carne para vender, de manera que los desperdicios, los clientes y los repartidores jamás coincidían ni tenían que saber de la existencia del otro.

El repartidor llegó antes de tiempo y Brimt aprovechó esa circunstancia para presentármelo, el hombre que hacía los repartos era de raza panthera, pero de una etnia que mide un metro y veinte centímetros de altura el lugar de tres metros y medio. Pese a su tamaño Emelde era bastante fuerte y podía cargar sin problemas con las cajas y las canales.

Él y yo nos dedicamos a llevar las cosas que había pedido Jortz a sus respectivas cámaras mientras Brimt las organizaba dentro de las neveras y actualizaba el inventario.

Cuando llegó la hora de abrir la tienda a los clientes Brimt me dejó solo en el obrador, con la tarea de cuartear varias cajas de pollos y poner varios kilos de cecina de cerdécalo a secar.

Por ahora eso es todo, espero que os haya gustado, sed buenos y disfrutad de la inminete primavera.

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“El carnicero que amaba su oficio” – Relato de Jofre, Brimt y Jort

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