Megrez, capítulo 1

Megrez, capítulo 1.

Megrez

Megrez

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En el primer aniversario de los gemelos también estuvo presente gran parte de la comunidad Iridiana, todo el pueblo quiso hacerles un regalo, incluso los que no pudieron asistir hicieron que sus presentes llegasen a Megrez y Sagre, lo normal para un Iridiano a esa edad es haber aprendido ya a caminar y a hablar, aunque por algún extraño motivo Sagre no había dicho aún ni una palabra, justamente todo lo contrario que su hermano Megrez, que no paraba casi nunca de hablar.

 

 

Los niños Iridianos son muy delicados y los bebés lo son más aún, eso lo saben muy bien sus padres, por eso dedican cada segundo de la infancia de sus hijos a estar con ellos, darles todo su amor y educarlos, no es una tarea fácil, lo primera chispa de conciencia que tiene un Iridiano en mente es ser fiel a su instinto, un instinto que nace de la naturaleza de sus dotes.

Las dos peores naturalezas de asimilar son las de Muerte y Caos, tanto para los padres como para sus hijos, pero cuando estás naturalezas vienen de la mano y se juntan en un solo ser el resultado puede ser desastroso.

Este era el caso de Megrez, sin él pedirlo había obtenido las dotes que más intolerancia probocan a los Iridianos, es muy fácil prejuzgar, debido a su naturaleza todo el mundo esperaba que Megrez fuese un ser irracional, con un temperamento difícil y un gusto desmesurado por la batalla.

Lejos de ser un monstruo Megrez era sensible, muy sensible, y poseía una inteligencia superior, incluso siendo tan solo un bebé, estás dos cualidades le bastaban para, casi, no necesitar el Alón de Empatía, con solo ver a una persona ya sabía lo que esta sentía, si se encontraba bien o mal y cuál podía ser la causa de su estado.

Pero otros antes que él habían demostrado que los Iridianos con las dotes de Caos y Muerte no eran personas fáciles de tratar y que es sus primeros siglos de vida no se podía esperar nada bueno de ellos, y esta generalización importaba más que el hecho de que Megrez fuese en verdad distinto.

El tenía su instinto, pero también tenía un criterio de lo que estaba bien y lo que estaba mal y verdaderamente sentía que debía hacer cosas buenas.

Una vez en que su jugaba con él y su madre estaba a fuera con Sagre entró por la ventana un animal con aspecto similar al de un lobo, pero su pelo era liso y suave, parecía un joven ejemplar, miró a Megrez y se abalanzó encima de él, Phenatos no se lo pensó dos veces, hizo aparecer su espada, hizo un grabe corte en el costado al animal, e hizo desaparecer la espada, todo ello en menos de una fracción de segundo.

El animal de desplomó al lado de Megrez, herido de muerte empezó a desangrarse en el suelo, el pequeño se acercó al animal, puso una mano encima de su corazón y otro encima de su cabeza, Phenatos miró extrañado.

 

¿Qué haces?-Preguntó.

 

Intentó que siga con vida ¿Puedes curarle, por favor?-Contestó Megrez.

 

¿Cómo?

 

Digo que si puedes curarle, no quiero que Yans se muera.

 

¿Yans? Si quieres una mascota puedo…

 

No quiero una mascota-Le interrumpió MegrezQuiero un amigo.

 

Phenatos miró a su hijo, durante la conversación el charco de sangre fue aumentando, ahora ya manchaba las rodillas que Megrez tenía apoyadas en el suelo, aún así no se movió un milímetro, sus manos seguían exactamente en el corazón y en la cabeza del animal.

Pasaron cinco minutos, Phenatos se dio cuenta de que el animal ya no sangraba, pero sus heridas seguían abiertas, por lo que no debía de quedarle sangre en el cuerpo, un vistazo mas detallado a su hijo le sirvió para darse cuenta de que estaba haciendo: mantener el alma y la entraña dentro del animal, para que no muriese.

 

¿Hasta cuando piensas seguir así?– Preguntó Phenatos.

 

Hasta que se recupere o tú le cures– Contestó Megrez.

 

¿Por qué te importan tanto un ser que ha intentado matarte?

 

Porque no tiene a nadie más que se preocupe por él, además, ¿Cómo sabes que ha intentado matarme? No se ha resistido cuando le he puesto las manos encima, muy amenazado no debía de sentirse.

 

Phenatos no encontró una réplica para esas palabras, se acercó al animal y curó sus heridas usando un Alón, Megrez miró a su padre agradecido, en cuanto Yans se recuperó se puso de pié y lamió a Phenatos y a Megrez como señal de agradecimiento.

 

Venga vamos, tenemos que enseñarle el nuevo miembro de la familia a tu madre y a tu hermano– Dijo Phenatos.

 

Y diciendo esto salieron hacia fuera donde estaban Díadra y Sagre.

Cuando Diadrá abrazó sólo a Sagre Megrez sintió un profundo sentimiento de odio y otro aún más fuerte, el de envidia, intentó reclamar la atención de su padre, pero él contemplaba aquella escena absorto sin darse cuenta de que una mano tiraba de su pantalón en un vano esfuerzo.

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