Sagre, capítulo 10

Sagre, capítulo 10.

Sagre

Sagre

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Jigsx encontró a Sagre en las alcantarillas, abrazado fuertemente el cuerpo sin vida de Zhalón, sacó la pluma que le dio Sagre hacía un par de años y se la dio.

Toma, úsala con él. – Dijo el yrteda.

No funcionará – Dijo Sagre con los ojos llenos de lágrimas – Esa pluma no es más que una extensión de mis poderes, si yo no puedo hacer nada esa pluma tampoco.

 

Lo siento – Dijo Jigsx ¿Significa eso que Zhalón está?

 

Zhalón estaba asustado, parecía que esa criatura estaba dispuesta a acabar con él. No sabía cómo iba a hacerlo, puesto que ya estaba muerto. De ninguna manera quería aquello que ese ser planeaba para él, fuera lo que fuese.

Me temo que no vas a cosechar esta alma – Dijo otra voz desde detrás de aquel siniestro personaje, que se dio la vuelta para ver quién pretendía arrebatarle de sus manos el producto de su ardua espera. Zhalón no podía ver quién dijo eso, la corpulencia de aquel ser le impedía ver quien podría ser su salvador.

 

 – ¡¡No te metas en esto!! Llevo años tras el alma de este humano, sus conocimientos se venderán caros. Él ha visto hacer alones, ¡No  puedo dejarle escapar! – Dijo el ser de nariz puntiaguda.

¿Te atreves a enfrentarte a la voluntad de Iria y a la de Miices? – Dijo aquella voz, con un tono ligeramente burlón. Al oír aquellos nombres el ser se encogió un poco, lo que permitió a Zhalón ver con quién estaba discutiendo. Era una mujer humana bastante atractiva.

¡No me podéis pedir eso! ¡He sufrido mucho por tener esta alma! – Dijo el ser, visiblemente indignado.

Podemos hacer esto por las buenas, o por las malas. Por favor, ¡Alégrame el día y di que por las malas! – Dijo la mujer más burlonamente. Parecía disfrutar contrariando a aquel siniestro ser, que parecía tensarse como un arco y temblar de rabia.

Entonces el ser de nariz puntiaguda se abalanzó sobre la mujer, la cual sin moverse un ápice hizo aparecer de su puño un gran prisma alargado de luz, que atravesó el pecho del ser. Al poco el ser comenzó a convertirse en cenizas, justo por el lugar dónde había entrado el prisma de luz. No tardó en desaparecer, sin hacer ningún ruido, ni lamento, ni queja: nada. Simplemente desapareció.

Zhalón cielo – Dijo la mujer – Espero que ese Bas no te haya asustado demasiado, lamento que hayas tenido que vértelas con él.

¿Quién eres? – Preguntó Zhalón muy confuso por la situación y la rapidez con que todo pasó – ¿Qué ha pasado?

 

Me temo que no puedo decirte mucho. Sagre  ya me conoce, ahora vuelve con él. Está muy preocupado por ti – Dijo la mujer.

No quiero preocupar a Sagre, pero me temo que estoy muerto. – Dijo Zhalón con tristeza.

Lo estás, pero pronto dejarás de estarlo – Dijo la mujer – ¿Acaso te olvidas del don que les otorgó la propia Miices a los humanos, desde el mismo día en que miraron la luz por primera vez?

 

Pensé que ya no iba a surtir efecto – Dijo Zhalón con una leve alegría fruto de la esperanza – No sé cuánto llevo muerto.

Eso no importa, si la diosa quiere que vuelvas, vuelves. Nada puede cambiar eso, y en tu caso, hay dos diosas que lo quieren. Sin embargo no vas a volver a la vida con las manos vacías. – Dijo la mujer.

¿Qué quieres decir con que no me iré con las manos vacías? – Preguntó Zhalón con curiosidad. Para él resucitar ya era todo lo que necesitaba, volver con Sagre era su mayor anhelo.

Nivo te mató porque eres demasiado débil, y tenía razón. La diosa Iria piensa que vas a necesitar mucha ayuda para cumplir con la misión que te ha encomendado. Para ello, cuando resucites contarás con las ventajas que tienen los Garraespina: de esta manera te resultará algo más fácil seguir el duro entrenamiento al que te van a someter. – Dijo la mujer, con ternura.

Gracias, creo. – Dijo Zhalón, que en ese momento no sabía si sentirse insultado, afortunado o cómo.

Tranquilo, lo harás bien: será duro pero podrás con ello – Dijo la mujer acariciando la cabeza de Zhalón mientras sonreía – Cuida de mi nada, olvídalo. Adiós Zhalón, suerte.

 

El humano sintió que todo aumentaba lentamente en luminosidad, mientras la figura sonriente de la mujer se desdibujaba poco a poco, cuando todo fue de un tono blanco y tan brillante que hasta dolía, y se tornó de repente en oscuridad. Zhalón empezó a notar un leve calor envolvente, como un abrazo. Poco a poco empezó a escuchar un llanto lejano, mientras aumentaba el calor y la sensación envolvente, muy opresiva, tanto que le asfixiaba.

No puedo respirar – Dijo Zhalón casi sin aliento.

 

Sagre soltó un poco a Zhalón, el cual respiro profunda y fatigosamente, con un sonido rozante, tosió, respiró de nuevo de una forma menos profunda y con menos fricción, poco a poco recuperó su respiración normal. Jigsx y Sagre estaban emocionados y sorprendidos por la resurrección de Zhalón, pero más se sorprendió Jigsx cuándo el iridiano besó en los labios al humano. El yrteda jamás se alegró tanto en la vida de que no fallase un conjuro: se teletransportó al instante fuera de las alcantarillas para dejarlos solos. No le molestó la reacción de Sagre, sencillamente le sorprendió, ligeramente. Por su parte, Sagre buscó un lugar más romántico para estar y se parpadeó con Zhalón allí.

El lugar escogido fue al este de Darlasari: un bosque de arces, en tonos rojizos y dorados, a orillas de un extenso y cristalino lago turquesa. Las lunas llenas iluminaban la escena, una suave y agradable brisa movía suavemente las hojas cobrizas; de vez en cuando alguna caía de su rama, y se dejaba mecer suavemente por el viento hasta caer en el agua, donde era empujada lago adentro hasta perderse de vista.

Sagre y Zhalón estaban tumbados en el suelo alfombrado de musgo. El humano tenía la cabeza apoyada en el pecho del custodio; éste tenía las manos del humano cogidas con las suyas, ambas descansando en el pecho. No era necesario expresar lo que sentían con palabras, ni siquiera tenía que usar Sagre su Empatía. Cada gesto, caricia, suspiro y mirada era suficiente. Con Deraga la luna roja, y Goram la luna azul, llenas las dos en el cielo, significaba que el otoño había empezado hacía poco. Aquello sólo se repetiría de nuevo en primavera. Fuera como fuera, la plenitud de ambas lunas sólo hacía más bella e intensa la escena a ojos de Sagre y Zhalón.

Tras un rato de idilio ambos se dieron cuenta de que tenían que volver a la realidad. Sagre le contó a Zhalón todo lo que había ocurrido mientras él había estado muerto. El humano lamentó la muerte de Úlos y se alegró de la de los otros consejeros, sobre todo de Nivo, su asesino. El humano le contó las cosas que le pasaron, acerca del Bas y de la mujer. Al describirla Sagre se dio cuenta de que era prácticamente igual a la mujer que le habló en su sueño, por lo que pensó que bien podía ser la misma persona. Tras un rato más tumbados en el musgo, viendo cómo el viento arrancaba hojas de los arces, decidieron que ya era hora de volver a casa de Rásoc para dormir.

Una vez allí Rásoc se extrañó y alegro a la vez de ver con vida a Zhalón: éste le explicó que una de las habilidades de los humanos era resucitar cuando así lo deseaba la diosa Miices. El gekjo lo recordó y no le dio mayor importancia, abrazó a Zhalón y entonces notó algo extraño: el humano tenía la piel muy dura, algo que sólo notaba en miembros de su familia. Ni siquiera en otros gekjo había notado algo similar. No le dio mayor importancia, como ya era tarde se despidió y se fue a su cuarto a dormir.

Jigsx no sabía si irse a la cama también o buscar otro sitio para darles intimidad a Sagre y a Zhalón.

Creo que voy a ir a dormir ya, esto de morir da bastante sueño. – Dijo Zhalón.

Sí, yo también, han sido muchas emociones para un mismo día. – Dijo Sagre.

¿Vienes tú también a dormir Jigsx? – Le preguntó el humano.

Pues no lo sé. – Dijo el yrteda.

¿Tienes algo que hacer? – Preguntó Sagre.

¿Algún hechizo que estudiar? – Preguntó Zhalón.

No, lo que no sé es si quiero compartir el dormitorio con un par de hombres enamorados

¿Tienes algún problema con eso? – Preguntó Zhalón con un leve enfado en la voz.

No, lo que quiero decir es que preferiría daros intimidad. – Dijo Jigsx con la voz temblorosa.

Ya, seguro, ¿No será que te damos asco? – Dijo Zhalón algo más enfadado.

¿A ti la muerte te ha vuelto imbécil o qué te pasa? – Dijo Jigsx también enfadado.

¿No se puede descansar en esta casa? – Dijo Rásoc¿A qué viene tanto griterío?

 

Jigsx no tolera nuestro amor. – Dijo Zhalón.

Qué dramático eres, lo que pasa es que quiero dejaros espacio. – Dijo Jigsx.

Ya, espacio, por ti mismo, no te gusta que nos amemos. – Dijo Zhalón.

– ¡Basta ya los dos! – Dijo Sagre Estáis dando el espectáculo, todo el servicio nos está mirando, dejadlo de una vez.

 

Vamos a ver, si queréis unos cuartos distintos puedo entenderlo – Dijo Rásoc Además, Sagre tiene razón: el único consejero de la casa no puede tratar a voces a uno de los miembros, y por supuesto ese miembro no debe de faltarle al respeto. Pediros disculpas mutuamente.

Lo siento Jigsx, pero no me esperaba eso de ti. – Dijo Zhalón a regañadientes.

Eso no suena a disculpa. – Dijo Rásoc.

No, Zhalón, haz el favor de disculparte, me parece que te estás equivocando con Jigsx. – Dijo Sagre.

De verdad Zhalón, no tengo ningún problema. Sólo quería dejaros espacio para que estuvierais a gusto. Lo siento, no quería que nos peleásemos – Dijo Jigsx.

No, perdóname. Creo que me precipité, lo siento mucho. Tal vez sí que estoy algo irascible con este tema – Dijo Zhalón, avergonzado.

Bueno, sea como sea ya lo habéis arreglado – Dijo RásocAhora, volviendo al tema de las habitaciones, hay algunas libres. Para esta noche podéis usarlas, pero mañana hay que madrugar mucho para coger un barco hacia Sioca, concretamente hacia el puerto de Ederia. Desde allí tomaremos un carruaje hacía Ispedia, de modo que os aconsejo que durmáis bien.

 

Sagre y Zhalón pasaron la noche en una cama de matrimonio, Jigsx acabó en una cama de igual tamaño, pero solo. Apenas consiguió dormir, seguía dándole vueltas al conjuro de comunicación. Parecía haber avanzado bastante en él, pero aún no tenía nada seguro.

Finalmente llegó la mañana. Antes de embarcar Sagre se parpadeó en Irdresma, para contarle a sus padres que iba a estar una temporada sin ir por casa. Les explicó que ahora era un noble de la casa Garraespina y que iba a entrenarse duramente para aprender a dominar el combate cuerpo a cuerpo. Díadra se enfadó mucho, prácticamente le dijo que no volviese más, y luego desapareció. Phenatos le dijo que hiciese lo que tuviese que hacer y que volviese cuando quisiera, que no se preocupase por su madre, que iba a estar bien. Megrez no digo nada, sencillamente se despidió.

El viaje duraría varias semanas: saldrían en dirección sur desde Darlasari, pasarían por el Mar de las Tres Crestas y luego seguirían hacia el este, luego irían en diagonal hasta Ederia. Ni Jigsx, ni Sagre, ni Zhalón, habían hecho nunca un viaje en barco, por lo que estaban emocionados y algo asustados. Durante el viaje la pareja se dedicó a buscar sitios donde estar tranquilos a solas, para tener intimidad.

La madre de Zhalon se preocupaba cuando pasaba tiempo sin verlo, su padre intentó decirle que era normal, pero ella no dejaba de preocuparse por si le había pasado algo. Jigsx por su parte se dedicó a seguir investigando sobre su conjuro de comunicación. Pasaba muchas horas pensando en él, probando cosas con Rásoc, que hacía de sujeto de pruebas. El barco no zarpó solo: junto a él habían un par más de barcos, con otros miembros Garraespina, a lo largo de los días más barcos de la casa zarparon con destino a Ederia, desde donde irían a Ispedia. Casi toda la casa había zarpado a lo largo de un mes.

Para cuando llegaron a Ederia Jigsx ya tenía el nuevo conjuro listo, el cual bautizó como Llamada Ciega.

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