El imbécil (parte 1 de 5)

Buenos días Personas, aquí os traigo “el imbécil”.

He estado corrigiendo el relato de “El imbécil” y creo que ya está listo para presentarlo en sociedad, no es ni mucho menos la versión definitiva, pues aún hay cosas que cambiaré para la versión del libro, pero el mensaje y el contexto están como los quiero y eso es suficiente para publicarlo, os dejo con él, disfrutadlo.

 

“El imbécil”

Aunque mi nombre sea Daniel casi nadie me llama así: mis amigos prefieren utilizar el mote de “Allu”, la gente que tiene menos confianza me llama señor Sotobosque, utilizando siempre el apellido en lugar del nombre y mis compañeros de trabajo suelen utilizar una retahíla de motes cariñosos de la índole de: “el flojo”, “el vago”, “el manco”, “el dormido” y un largo etcétera, pero el más utilizado es el de “el imbécil”.

Aunque ahora trabajo en una juguetería con taller propio llevo aquí menos de un año, antes era funcionario, aunque no del tipo que tramita documentos y otorga certificados, más bien del que caza monstruos y engendros. Oficialmente formábamos parte del ministerio de defensa, extraoficialmente teníamos cierta autonomía, por no decir que hacíamos lo que queríamos y como queríamos, a fin de cuentas éramos los únicos que podían hacer aquello, casi nadie nace con el don de ver espectros y mucho menos la capacidad de hacerles frente, por no mencionar los cojonazos que hay que tener para enfrentarse a un hijo de puta que mira dentro de tu alma, escrudiña tus miedos más horribles y te los escupe a la cara todos de golpe, añadiendo el hecho de que los espectros ya de por sí acojonan. La verdad es que el sueldo no era para tirar cohetes, el horario de trabajo no era regular y los conceptos de: “vacaciones”, “día libre” o “festivo” brillaban por su ausencia. Pese a eso amaba mi trabajo, no sólo por el hecho de salvarle la vida a la gente, ni por el respeto que daba llevar el distintivo de “Agente del Ministerio de Defensa”, es que joder, destruir mierda paranormal ha sido todo lo que he hecho desde que tengo memoria, lo único para lo que realmente tengo talento, y de repente, Europa entra en una crisis económica, empiezan los recortes sin ton ni son, primero educación, después sanidad, después se suben los impuestos, pero en Europa nunca tiene suficiente y pide más. Un día algún iluminado o iluminada se levantó y dijo: “a ver, estos Españoles no van a entrar en guerra y de todas maneras no nos compran muchas armas, pues que recorten en Defensa” y dicho y hecho, toda nuestra sección a la calle, sin ninguna otra compensación que un plan de reubicación laboral. El malnacido del asesor, os juro que hubiera matado a ese tío, me dijo: “tienes cara de chiste, ¿Que te parecería trabajar en una juguetería? No digas nada, la vena hinchada de tu frente me dice que te entusiasma la idea, te apunto al curso y en tres meses estás trabajando de eso, te llamarán para indicarte el día y hora que empiezas.”

¿Cómo que tengo cara de chiste? ¿Y qué cojones tiene que ver eso con trabajar en una juguetería? ¿Acaso se creía el tío con gracia, o peor aún, que en mi situación me iba a reír?

Sea como fuere parece que tuve suerte, de todos los miles de personas que formábamos el ministerio solo a unos centenares nos consiguieron trabajo, algunos cerca de casa, otros en la otra punta del país. El resto optaron por seguir haciendo aquello, como si de una empresa de seguridad privada se tratase, pero rápidamente el gobierno hizo dos leyes: la primera impedía recibir una compensación económica a cambio de matar cualquier tipo de ser sobrenatural, la segunda obligaba a todo aquel con capacidad de enfrentarse dichos seres a que lo hicieran, puesto que se amparaba en la ley de socorro y que era el “deber de todo buen español”, resumiendo, que no solo nos violaron sino que encima nos hicieron pagarles los condones y les teníamos que dar las gracias.

Lo peor vino después, pasamos de ser personas valoradas por hacer un servicio a la comunidad a ser odiamos, temidos y despreciados. De la noche a la mañana nos convertimos en unos parias, ante esa situación muchos emigraron, los que no tenían motivos para quedarse, alguno se suicidó, llevándose por delante a unas cuantas personas, lo cual no logró otra cosa que acrecentar el miedo y el rechazo de la gente, por eso digo que yo he tenido suerte, ahora cobro más, aunque sea un destre en mi trabajo: en el curso apenas me enseñaron técnicas de venta, el montaje y reparación de juguetes estaba obsoleto y tuve que aprenderlo desde cero cuando llegué, por no decir que de las ocho horas que trabajo cinco son para limpiar la tienda y el taller del sótano, sobre todo ese puto taller, de seres sobrenaturales. Soy el único de allí que puede hacerlo y sospecho que me contrataron para eso, aunque para disimular me hagan hacer también otras tareas y creo firmemente que si a estas alturas no me han despedido es por eso.

Motivos ha habido muchos: reclamaciones de clientes, reclamaciones de compañeros, llegar tarde al trabajo, dormirme en el mostrador, insultar a abominaciones y pensarse un cliente que era para él, insultar directamente al cliente…

Supongo que mis compañeros tienen verdaderos motivos para odiarme, si ellos hicieran una fracción de lo que yo hago no dudarían en ponerles de patitas en la calle. Claro que si ellos hicieran lo que yo hago desde las 19 a las 23 no vivirían para contarlo o en el mejor de los casos acabarían encerrados en un psiquiátrico de por vida, rememorando continuamente espantosas pesadillas.

Un amigo me dijo que en el fondo lo que más siente la gente es envidia, de nuestra habilidades y por el hecho de saber que ellos viven en el mundo incompleto, puesto que no pueden ver, ni sentir, ni oler, ni tocar, ni saborear todo lo que nosotros sí podemos. Yo pienso que por eso pueden ser felices, la ignorancia trae la felicidad, aunque nos hayamos acostumbrado a toda clase de horrores en el fondo sabemos que no podemos bajar la guardia, que dormir toda una noche es un lujo y que nuestra vida está condenada a vivirse en soledad, salvo contadas ocasiones, nadie querría vivir con alguien que mata monstruos continuamente, porque eso nos convierte en monstruos de peor calibre, al igual que las cobras reales lo son porque comen otras serpientes. Y esto no se puede ocultar, porque en el momento en que algo ataca, respondes y entonces te delatas y tu ligue sale huyendo y jamás vuelve a llamar o te coge las llamadas o nada.

Hubo un día en la tienda que creí que no lo contaría: aquel día había sido muy ajetreado y el pasatiempo favorito de algunos compañeros antes de irse era meterse conmigo, se metían en como hacía mi trabajo y en que ellos se iban mientras yo tenía que quedarme currando cuatro horas más.

 

—Ese remache está mal fijado —dijo Sonia.

 

—Y esas patas están demasiado encoladas —añadió Pedro—, ese caballito se va a desmontar al primer golpe.

 

—¡Pero fíjate en lo que haces! —gritó Susana— ¡Le has colocado la cabeza al revés! ¡Presta más atención a lo que haces imbécil!

 

“A lo que le estoy prestando atención es a ese quebrantador fantasmal que tenéis sobrevolando vuestras cabezas” pensé al ver a aquél engendro que tiene aspecto de ser un cuervo untado en una masa violeta que se ha solidificado y que ha cogido la apariencia de piel. De por sí esos seres no son peligrosos, pero si tocan a una persona pueden provocarle fuertes dolores, náuseas y fiebre.

Por sí el quebrantador no fuera bastante distracción alrededor del mostrador flotaban miles de polillas fantasma, las cuales brillan como bombillas y su aleteo emite un ruido muy similar a un portazo, pero más atenuado, y ciertamente tener treinta bombillas dando “portazos” desconcentra. Pero aún hay más, esa puta tienda parece un zoo de lo paranormal: hay un poco de todo, y no paran de dar por culo, ¡Así cómo voy a poder trabajar!

Finalmente llegaron las siete de la tarde, mis compañeros se fueron y bajaron las persianas, ese momento del día es cuando dejo de ser “normal” y puedo concentrarme en lo que de verdad se me da bien: cazar monstruos.

En realidad cazar no cazo mucho, todas las criaturas que pueblan esta tienda son en mayor o menor medida inofensivas, la mayoría del tiempo pasan desapercibidas para casi todo el mundo, aunque suelen salir a pasear cuando saben que no hay nadie.

Hay un grupo de duendes que se dedica a desordenar las herramientas, por llamar la atención, pero suelo ignorarlos, a menos que le prendan fuego a algo, cosa que suelen hacer cuando andan desesperados por algo de atención y yo ni siquiera me digno a mirarlos.

Es entonces cuando les tengo que dar una lección y los expulso de la tienda,  impidiéndoles, conjuro mediante, que vuelvan a entrar durante dos o tres días, podría hacer que no entrasen nunca más, pero entonces, además de ser cruel con los duendes, me quedaría sin trabajo. Todo lo que necesito es que las cámaras de seguridad capten como invierto todo mi empeño en arreglar los problemas que causan estas presencias indeseables y luego toca la ronda por el sótano, el cual sirve de almacén.

Detesto ir al sótano, es un lugar lóbrego y siniestro, por dónde campan a sus anchas monstruos a los que no me puedo enfrentar, ni menos estando solo, si alguno se me llegase a encarar no creo que viviera para contarlo, por suerte parece que nunca salen del sótano.

El lugar que más temo es el almacén que está situado tras un enorme y estrecho pasillo, en el otro extremo del mismo se encuentra la máquina en la que tengo que fichar, a veces me da tanto miedo estar ahí que espero de espaldas al almacén, para evitar que, sea lo que sea que hay ahí, no se sienta retado por mi mirada y me ataque sin piedad.

Sin embargo un día caí en la trampa de aquel monstruo. Eran las 22:58, yo esperaba de espaldas a que el reloj de la máquina dieran las 23:00, de repente oí el parpadeo de un fluorescente, resistí la tentación de girarme y entonces un enorme cardumen de peces diablo pasó a toda velocidad por mi izquierda, para atravesar una pared y desaparecer, algo les había asustado. Los peces diablo son muy parecidos a las pirañas, solo que tienen el tamaño de gato gordo y en lugar de carne o fruta se alimentan de la energía vital de las personas y si tienen mucha hambre de su alma, agradecí perderles de vista.

No tarde en oír una especia de trote amortiguado a mi espalda, me negué a girarme, en el reloj de fichar eran las 22:59, un minuto más y podría escapar de aquello que estaba asustando a todos los habitantes del taller subterráneo. El culpable del trote amortiguado pasó por mi lado, se detuvo mientras directamente a los ojos me miraba un lucércano. Los lucércanos son lo que la gente comúnmente llama “ángeles de la guarda”, sólo que no son ángeles, más bien parecen un San Bernardo al que la radiación ha tornado un ser tan grande como un autobús de dos pisos londinense, suelen ayudar a la gente alejando los problemas de ellos, incluso se sabe de algunos que rescatan a personas de incendios o sacan niños de pozos.

 

—¡Sal de aquí idiota! —Gritó el enorme can con voz profunda y gutural—, ¿Quieres que eso se te zampe?

 

—Tengo que fichar antes de irme, sino…

 

—¡A la mierda eso que llamas fichar! —Gritó aún más fuerte el lucércano, interrumpiéndome—, ¡Si quieres morir haya tú, yo me marcho!

 

Y el lucércano desapareció por el mismo sitio por el que lo hicieron los peces diablo, de repente sentí una extraña vibración en el aire, los fluorescentes del pasillo parpadeaban sin ningún criterio, como si alguien les hubiese activado el modo discoteca. Por supuesto yo no los miraba, puesto que estaban en dirección al almacén y sabía que mirar hacía allí no traería nada bueno.

El reloj seguía marcando las 22:59, aquel puto reloj no tenía segundero, de modo que no tenía manera de saber si el tiempo se había detenido o solo me lo parecía debido a mi angustia.

De repente una voz se alzó entre el zumbido y parpadeo de los fluorescentes. Lo que decía esa voz me pareció ininteligible, como cuando vas en coche escuchando la radio y entras en un túnel que provoca que la voz del locutor se degrade paulatinamente hasta tornarse un murmullo que sabes que pretende ser un mensaje, pero cuyas palabras se te escapan en un eco cacofónico, agudo y chirriante.

”22:59, ¿Es una broma?” Pensé al mirar de nuevo el reloj de la máquina de fichar mientras notaba como detrás de mí el aire se hacía más frío y denso.

No pude evitar girarme instintivamente para encararme al peligro, ante mí se erguía la sobrecogedora figura de un espectro. Su altura rebasaba los dos metros, aunque carecía de piernas. Su color era azul, sin transparencias, estaba completamente materializado, sus garras, compuestas de dos uñas largas, de unos treinta centímetros aproximadamente, una uña intermedia y tres cortas, de la mitad del tamaño de las largas, eran de un color púrpura brillante, que a medida que se acercaba a las muñecas se iba tornando azul paulatinamente, hasta volverse del mismo tono de su piel en la parte donde la garra se unía al dedo, dando una sensación de continuidad a sus dedos-garras, las cuales, independientemente de su tamaño estaban afiladísimas. Su rostro era muy similar al humano, sus ojos reflejaban una infinita bondad, igual que la mirada de una tiene madre hacía sus hijos, cuando estos la necesitan. Su boca estaba plagada de dientes puntiagudos y serrados, como los de un tiburón, solo que los del espectro encajaban perfectamente los unos con los otros. Estos dientes eran también de color púrpura, y a medida que se acercaban a la encía, de un tono algo más oscuro que su piel, se volvían azules. El espectro carecía de labios, nariz y de cualquier tipo de vello facial, tampoco parecía tener pelo en el resto del cuerpo. La envergadura de su espalda era de más me metro y medio, su torso exhibía cicatrices, magulladuras y cortes, al igual que sus brazos, los cuales eran tan largos que sus garras no tocaban el suelo por apenas unos centímetros. Y todo él desprendía un aroma entre huevos podridos y libro viejo.  Por su color, tamaño y hedor supe que era un espectro anciano, que debía de haber luchado mucho contra otros espectros en peleas territoriales para llegar a esa edad, como demostraban sus cicatrices.

El espectro me sonrió, pero esa sonrisa solo significaba que estaba tensando los músculos de la cara para poder abrir sus mandíbulas y morderme, como una serpiente se enrosca antes de lanzar un bocado. Vi como su boca su abría lentamente, justo en ese instante sonó un pitido en mi Casio anunciando las 23:00. Sin apartar la vista de la boca del espectro acerqué mi cartera por el lado dónde guardaba la tarjeta de fichar al lector de la máquina, dos pitidos y LED verde visto de reojo, “fichaje correcto” pensé justo en el momento en el que me teletransportaba a mi casa, busqué el primer lugar dónde sentarme y me desplomé en mi vieja butacona,  blanco como la cera y empapado en sudor frío, aterrado como nunca he estado en mi vida, notando como el corazón me latía a más de doscientas pulsaciones por segundo, pensé que de un momento a otro me desmayaría, pero poco a poco me fui calmando, hasta quedarme dormido, de puro agotamiento, en la vieja butacona.

 

Cuento terminado (por fín)

Buenas, tardes ya, Personas, cuento terminado 🙂

Esta mañana me he puesto a escribir a saco y por fin he terminado el cuento de “el imbécil”. Y ya era hora terminarlo porque hace seis meses que os hablé de él.

En cuanto lo revise y lo corrija lo subiré, pero en dos o tres post diferentes, no por nada en especial, pero es que el cuento tiene unas veinticinco páginas y soy de la opinión de que dar demasiada información de golpe es contradictorio, así que os daré el cuento poco a poco, pero lo haré durante la misma semana, así que ya sabéis, la próxima vez que os escriba lo haré cuatro días seguidos, os vais a hartar de mí :D.

Por el momento eso es todo, sed buenos.

Sigo bien, trabajando mucho.

Buenos días Personas, estoy bien, muy bien.

Tras la entrada en la que publicaba la aparición de una antología de relatos con uno escrito por mí entre ellos, he seguido con mis proyectos. Concretamente me he centrado en acabar “El imbécil”, que ya va por las diecisiete páginas. Este relato estará más adelante recogido en el libro que titularé: “El carnicero que amaba su oficio”.

Este libro es una serie de cuentos, cortos, medios y largos, como el caso de “El imbécil”, que pretender servir de guía para conocer algunos de los recovecos del mundo de Domhan. A través de cada historia desenmarañé algunos de los conceptos que forman el universo que estoy creando.

De momento no sé cuantos cuentos formarán el libro, aunque sí sé algunos de ellos: “El imbécil”, que será el primero, “Breve paseo por Néfira”, que estará hacia el final, “El carnicero que amaba su oficio”, el cuál además de dar título al libro será el cuento que esté por el centro, ” Extraños amantes en lejanos lugares”, relato que trata más a fondo sobre aquellos seres de dos codos y dos rodillas que Megrez ve junto a su abuela cuando se desmaya después de comer aquella fruta peligrosa para los de su especie.

De momento no tengo más títulos pensados, aunque sí tengo idea de los cuentos que quiero hacer aparecer en ese libro. Dudo si meter dos, que forman parte de otras sagas de novelas, a modo de aperitivo. Hay algunos cuentos que seguramente no aparezcan en otros novelas, su historia se quedará en ese recopilatorio, sin dar lugar a nada más, aunque es posible que aparezcan en cierto manual en el que también estoy trabajando.

La extensión máxima del libro que me planteo es alrededor de doscientas o trescientas páginas y un número de cuentos entre quince y diecisiete. Si me salen más y creo que pueden encajar bien en el propósito del libro puedo ampliarlos a veinte, no más. Tampoco descarto la idea de hacer otro libro de cuentos, todo depende de si el resultado me resulta satisfactorio o no.

Por ahora nada más que añadir, seguiré informando de cualquier novedad y espero que mi próxima publicación sea el cuento de “El imbécil”.

Un saludo. Sed buenos.

Sigo vivo, y traigo novedades

Buenos días personas, que sigo vivo, no os asustéis.

 

Primero de todo pediros disculpas por haber desaparecido durante ciento treinta y nueve días, con sus correspondientes noches.

El motivo no ha sido otro que la publicación del libro “68 verdades a medias”, una antología de relatos, entre los cuales figura uno mío.

 

 

 

Dicho libro estará muy pronto disponible en Amazon, por lo que si alguno quiere leerlo, cosa que recomiendo, podrá hacerlo pronto.

Si alguien quiere tenerlo en formato físico puede ponerse en contacto conmigo y se puede hablar de enviarlo por correo, no sería el primero que mando.

Deciros que sigo trabajando en el relato que os debo, titulado “El imbécil”, sólo lo he dejado algo aparcado.

Así mismo anuncio que a partir de ahora este blog estará dedicado a dar a conocer mis publicaciones de libros futuras así como promocionar un poco mi página de Patreon, la cual está dedicada a un libro de rol basado en el mundo creado por un servidor.

Informo también que la primera parte de la novela “Gemelos” avanza también rápido y muy pronto estará terminada y lista para las correcciones finales, lo que significa que, y sin querer dar fechas concretas, muy pronto estará también disponible en Amazon.

Por ahora nada más que deciros. Sed buenos y leed.

Curso escritura

La moda de la auto-publicación

Buenas Tardes Personas, hoy vengo a hablaros de la auto-publicación.

Auto-publicación

Auto-publicación

Pues parece que la lluvia del lunes ha llegado hoy, aunque tampoco ha sido abundante, pero al menos han bajado algo las temperaturas y con eso ya me conformo.

¿Habéis notado la creciente cantidad de escritores nuevos que hay hoy en día? ¿Y habéis notado que muchos de ellos tienen su origen en la auto-publicación a través de internet o que directamente son escritores que únicamente se dedican al formato digital?

Posiblemente uno de los casos que más os pueda sonar es el de la escritora Anna Todd y su novela “After” la cuál consta de 4 libros. Anna comenzó su carrera en el mundo literario optando por la auto-publicación, en vista del éxito de su obra varias editoriales decidieron traducirlo y publicar su obra en formato impreso, en España la encargada de hacerlo fue Planeta.

El caso de Anna Todd no es único, por lo visto se está tornando una moda. ¿Es acaso malo que la gente pueda publicar si quiere? No, no es malo en absoluto, internet le brindó a cualquier memo la oportunidad de decir lo que opina sobre la serie “Stark Trek” (Homer Simpson dixit).

Esto no en sí no es un problema, pero a menudo navegar entre la marea de escritores buscando algo de nuestro agrado puede resultar muy complicado, sobretodo teniendo en cuenta que muchas personas publican por publicar, sin hacer siquiera una corrección de estilo, formato y ortografía, lo cuál le puede llevar a más de uno a apreciar la gran labor que hacen las editoriales al librar al mundo de semejantes “monstruos de la literatura”. No obstante, igual que un lirio puede brotar en un campo de cardos, los buenos autores pueden encontrarse entre la paja, recientemente he dado con dos: José Vicente Alfaro y Víctor del Árbol. Del primero os recomiendo “El llanto de la isla de Pascua” y del segundo “Respirar por la herida” ambos los podéis encontrar en formato digital e impreso.

Volviendo al tema de la auto-publicación, para los y las que os lo estéis planteando, mi consejo es que antes de lanzaros a publicar leáis mucho, no sólo porque os ayudará a saber como se escribe correctamente y que formato tiene que tener un libro, sino que también os ayudará a forjaros un estilo propio, algo que para un escritor es fundamental y más en estos tiempos de sobrada oferta literaria en que hay que ofrecer algo que realmente destaque para poder hacerse un hueco en el mundo.

Pues, pues eso es todo por ahora, el viernes si puedo os traeré un cuento, titulado “El imbécil”, que formará parte de los cuentos recogidos en un nuevo proyecto literario, que empezaré a montar cuando termine con el prólogo de “Gemelos”.

Sed buenos, leed, escribir y si os sobra tiempo dejaros arrullar por la sorpresa, pero sólo lo necesario en cuanto veáis que se viste de incertidumbre cortad con esa malnacida.

Sed buenos.

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Matrimonio y artistas

Buenos días Personas, hoy nos toca: el matrimonio y los artistas.

Artistas

Artistas

Bajarán las temperaturas, decían, lloverá el lunes, decían… Pues así estamos hoy, en el último día de agosto y con un sol de justicia y un calor sofocante.

Se suele dice que todo buen novelista tiene detrás una mujer desatendida, cosa que se puede extrapolar a cualquier artista y que toda persona que intente mantener una relación sentimental y afectiva con un artista, tarde o temprano pasará a un segundo plano, que la prioridad del artista es su obra y que nada puede cambiar eso.

Bien, reconozcámoslo: es fácil desatender a una persona, sea quien sea. Es muy sencillo centrarse en cualquier otra cosa antes que en una persona, fundamentalmente porque para ignorar a alguien no has de hacer absolutamente nada y ese abandono no es exclusivo de los artistas.

¿Cuántas personas han preferido ir con sus amigos antes que con sus parejas? ¿Cuántos estadios de futbol están llenos de maridos cuyas esposas esperan en casa a que regresen de su partido dominical? ¿Cuantos “te llamo luego” han elevado la dimension del “luego” a días, semanas o incluso años en algunos casos?

¿Y porque se dice de los artistas que son malos con sus compañeros y compañeras sentimentales? Por estigma.

Los artistas tienen un estigma asociado, del cuál ya he hablado anteriormente y que además es de sobras conocido: somos reser disolutos, de moral laxa y con tendencia a no hacer nada en la vida que sea realmente digno de admiración y le tenemos alergia al trabajo.

Pues lo cierto es que crear cualquier cosa necesita de un gran trabajo, y no digamos ya el echo de sacarla al mundo.

Volviendo al tema del abandono: todo el mundo necesita su momento personal, un espacio para hacer lo que necesite hacer, un momento de recogimiento aunque no necesariamente soledad. Cierto es también que las parejas necesitan su momento para estar juntas sin nadie más, pero ¿Qué necesita el artista? Pues un momento para dedicarle a su arte.

Repasemos,: toda persona necesita su espacio a solas y su espacio en compañía. Si además hablamos de un artista hay que añadirle el espacio para su arte. Además de eso hay cosas como el trabajo, la familia, la casa, la compra, y un largo etcétera, que hay que atender.

A eso hay que sumarle que a veces la inspiración viene acompañada de una compulsión por crear, y si estamos en un momento adecuado no hay problema, si estamos en una situación en que no es posible hacer nuestro arte nos jodemos y nos tragamos las ganas, ¿Pero qué ocurre cuando estamos con nuestro amado o amada y nos pica el gusano de la creación y tenemos esa idea que hemos estado esperando a que llegara? Pues pueden pasar dos cosas: que consideremos que no sea un buen momento o que creamos que nuestra pareja va a entender que necesitamos expresarnos y dar forma a nuestras ideas.

En la primera de las situaciones no hay mayor trascendencia: seguimos con nuestra pareja y listo. En el segundo de los casos, debemos dejar de lado a esa persona, esperando que entienda que necesitamos hacerlo.  Veréis, muchas veces sucede que durante el día hemos tenido a la musa detrás, soplandonos al oído sus inspiraciones y nosotros, amablemente, le hemos rogado que vuelva luego, y la musa lo hace: cada poco vuelve, pero sigue sin ser el momento, entonces le volvemos a pedir, por favor, que se marche. Luego , cuando tenemos el momento para nuestro arte la condenada no aparece y sin embargo, justo cuando ya no la esperábamos, aparece, con una sonrisa de oreja a oreja, con ideas nuevas y una frase en los labios: ” O yo o esa persona”.

Y sabes que elijas lo que elijas va a ser una decisión complicada y que seguramente tendrá repercusiones. Pero no se puede hacer mucho en el fondo, todos los aspectos de nuestra vida merecen atención, decidir que tiene prioridad no siempre es fácil y a menudo damos por sentado que si alguien está con nosotros es porque nos entiende y sabe perfectamente que le queremos, pese a que alguna vez pueda sentirse solo o sola.

Bien, pues eso es todo por hoy, el miércoles volveré con una nueva entrada. Disfrutad de este último día de agosto y sed buenos.

Un saludo.

Sufrimiento: ¿Necesario o un adorno narrativo?

Buenos días Personas, hoy vengo a hablaros del sufrimiento, tranquilos, me refiero al literario.

Sufrimiento

Sufrimiento

Parece que el calor se niega a marcharse, al menos donde yo vivo, por lo menos refresca por la noche, algo es algo.

¿Alguno de vosotros es padre o madre? Bien, pues si lo sois sabréis que muchas veces es mejor dejar que los niños y niñas aprendan solos, a base de recibir lecciones de la vida, ese tipo de lecciones que como madres y padres no se les pueden hacer entender, porque hasta que no las padecen nuestros hijos e hijas no comprenden del todo que significan, pero cuando las sufren, se llevan consigo, además de algún golpe, magulladura, quemadura o corte, una valiosa experiencia que les ayudará a madurar y a crecer, convirtiéndose en adultos hechos y derechos algún día.

Pues bien, con los personajes pasa lo mismo: deben sufrir para poder evolucionar, y a los escritores, tanto como a los padres, a veces nos cuesta ver, y hacer, que nuestros personajes sufren, porque les cogemos cariño a nuestras creaciones, pero sabemos que es la única manera que tienen de aprender, además de que para el lector los cambios de actitud y forma de ser del personaje resultan extraños y confusos si no hay una justificación de por medio. Estas justificaciones pueden darse antes o después, ¿Recordáis el fuera de plano?, del cambio en el personaje, pero deben darse siempre, puesto que no hacerlo genera una serie de agujeros en la trama con la que ningún lector o lectora gusta de tropezarse.

¿Debe entonces el escritor convertirse en un sádico torturador de personajes con tal de lograr una buena obra? Pues no necesariamente. Todo debe ir en su justa medida, puesto que cuando una situación se repite en exceso tiende a volverse absurda, y podemos acabar comvirtiendo sin querer una situación sumamente trágica en una escena que bien podria aparecer en la serie “Monty Python’s Flying Circus” y francamente, creo que ningún escritor querría que su obra fuera interpretada de manera tan opuesta a cómo él o ella la ha creado.

Formas de hacer sufrir, y madurar, a los personajes hay muchísimas, tantas como se imagine el escritor, el arte surje en el momento de aplicarlas correctamente de tal manera  que nuestra historia se vea enriquecida a través de ellas y nuestros personajes ganen realismo y profundidad.

En el relato  “Marco, de los Apeninos a los Andes” Edmundo de Amicis nos cuenta el viaje de un niño de 13 años, que partiendo desde Italia en busca de su madre llega hasta Argentina, dónde la encuentra. Antes del “feliz” encuentro Marco tiene que padecer varias penurias, aunque finalmente madre e hijo logran estar juntos y el cuento tiene un final bonito.

El sufrimiento de Marco hace de alguna manera que el lector se encariñe poco a poco con él y acabe deseando que todo termine bien para él y logre reencontrarse con su madre. Y es que el sufrimiento es una herramienta muy útil para enganchar al lector o lectora, apelando a su humanidad, ademas de que los felices no tienen historias, cuesta mucho más gener empatía con un personaje al que todo le sale bien, puesto que generalmente alguien así acaba generando un rechazo e incluso un odio en el lector, puesto que normalmente a nadie le sale todo bien siempre y al primer intento.

De modo que, toda buena historia necesita su dosis de sufrimiento y si no me creéis pensad en el último libro que hayáis leído  y en qué momentos el personaje ha recibido su sesión de varapalos.

Pues por esta semana he terminado de contaros todo lo que os pretendía contar. Volveré el lunes con una nueva entrada.

Sed buenos, un saludo.

Curso escritura

Escuelas de artistas

Buenos días Personas, hoy reparamos las escuelas de artistas.

Artistas

Artistas

Esta semama he retomado la escritura del libro, la verdad es que ya tenía ganas, pero entre unas cosas y otras lo he ido dejando demasiado, y es que aunque parezca mentira conlleva mucho trabajo sacar un libro adelante.

Como cualquier arte, la escritura, va por partes: primero nace la idea, luego se trabaja en ella y luego se pule. La idea surje en un istante, la inspiración apenas dura unas milésimas de segundo, el resto es trabajo y esfuerzo.

Un trabajo y un esfuerzo que raramente se ven y muy pocas veces se aprecia. Es por eso que los artistas apreciamos el arte desde dentro, es decir, sabiendo que por cada cuadro, cada escultura, cada película, cada libro que ve el mundo hay detrás toda una inmensa cantidad de trabajo, muchas ideas descartadas, muchos borradores y muchos, pero muchísimos repasos finales. Un artista tiende a buscar la perfección, aún sabiendo que no existe  se esmera en llegar lo más cerca posible de ella, porque aunque nos guste nuestra obra, en el fondo siempre la puliríamos más y más, haciendo eterno el proceso de creación.

¿Sabéis qué  más tenemos en común los artistas? Un mentor, alguien que dominaba mejor que nosotros el arte que éramos llamados a ejercer y que nos ha trasmitido todo lo que sabe de la mejor manera que le ha sido posible, transmitiéndonos, no solo conocimientos, sino también un amor y pasión por lo que se está haciendo.

Centrándones en la escritura: las escuelas de escritores pueden ayudar a toda aquella persona con pasión literaria a mejorar en su escritura, ya sea porque quiera tenerla como afición o porque realmente quiera hacer de ella su oficio.

¿Qué se enseña en una escuela literaria? Pues de entrada os digo que ortografía y gramática no, puesto que eso se supone debería de saberse ya llegada la persona a una cierta edad. Lo que se enseñan son pautas y consejos a la hora de escribir correctamente, dando a conocer los diferentes recursos literarios y la mejor forma de aplicar los mismos, porque en ningún caso se trata de normas, cada escritor debe buscar su estilo y la forma más natural posible que haye de escribir, sientiendo suyas las palabras y textos que escribe.

Cursos de escritura hay de muchos tipos: unos se centran en la creatividad, otros en la novela, otros en el relato corto, los hay de guión de cine e incluso de cómo escribir obras de teatro.

Como ya he dicho, los cursos de escritura no van destinados solo a futuros escritores, también van destinados para todo aquel que quiera conocer este mundo desde dentro. Como anecdota os contaré que algunas personas con pasión por la lectura le cogieron mucho más cariño tras realizar un curso, y es que, según ellos, al ser capaces de ver todo el proceso que conlleva escribir y ser conscientes del trabajo que implica, fueron capaces de valorar aún más la literatura, también fueron capaces de comprender mejor algunas obras y el valor real de las mismas.

Así que si tenéis la oportunidad y os dudáis si hacer un curso de escritura o no, lanzaros a él sin miedo, podéis descubrir una pasión que se os mantenía oculta y tal vez acabéis incluso dedicandoos a la escritura, puesto que no seríais los primeros que van a un curso por entretenimiento y acaban dejando su trabajo para dedicarse por completo a la publicación de libros.

Pues por el momento eso es todo, sed buenos y recordad de poner pasión en todo lo que hagáis, de esa manera disfrutaréis más y lograréis mejores resultados.

Sed buenos, un saludo.

Curso escritura

El deseo de escribir

Buenos días Personas, hoy hablaremos del deseo de escribir.

Deseo

Deseo

Siento haberos hecho esperar una semana para poder leer una nueva entrada, pero a veces no se ocurre que podía contaros. Así que hoy he decidido hacer introspección y hablaros sobre el comienzo de todo escritor: las ganas de escribir.

Escribir no gusta a todo el mundo, no cualquier persona tiene el deseo de plasmar sus pensamientos en forma escrita, la verdad es que es algo terapéutico: obligarnos a pensar que nos pasa por la cabeza y materializarlo en forma de palabras que podemos ver nos puede dar tanta satisfacción como pegar cuatro gritos fruto de nuestra indignación ante una situación o conjunto de las mismas.

No obstante el deseo de escribir al que me refiero tiene que ver con cosas que sólo están en nuestra cabeza, pero en lugar de hacernos infelices, nos generan la necesidad de contarlas.

En cierta manera es un tipo de extroversión muy particular y concreto, hace falta tener valor para querer mostrar al mundo lo que hay en nuestra mente, aunque, como ya he dicho muchas veces, escribir es a título personal, se hace por instinto, por algo que nos quema dentro y nos genera la necesidad de crear un texto.

Todos tenemos algo que nos gusta compartir con otros, algo que sólo nosotros podemos ofrecer, ya sea nuestro don culinario, nuestra mano derecha con el bajo, nuestro sentido del humor o lo bien que sabemos doblar los pantalones. Pues bien, todo eso que hagamos bien, nos guste y disfrutemos compartiendo es algo que nace de nuestra alma, el simple echo de hacerlo ya nos hace felices, compartirlo nos genera satisfacción y si logramos que guste a alguien nos llena de orgullo, orgullo por un trabajo bien hecho.

Pues eso es todo por hoy, procuraré volver el miércoles, aunque me estoy planteando si dedicar los días de la semana a escribir cosas diferentes, ya os contaré.

Sed buenos, un saludo.

Curso escritura

Fuera de plano literario

Buenas tardes Personas., un tema complicado: el fuera de plano.

Fuera de plano

Fuera de plano

Con un agosto así da gusto que sea verano: unos días con temperaturas que no superan los 32 °C y unas noches frescas. Nada que ver con los recientes junio y julio, los cuales fueron de canícula pura y dura.

Hoy os traigo un tema que a mucha gente le resulta curioso, sobre todo si no está habituada a él: os hablo del fuera de plano.

Sería normal pensar que toda la acción que pasa en cualquier historia se narra completamente desde un punto de vista que nos permita ver que está pasando, que ningún detalle queda sin explicar y que al lector no se le omite información, pues bien, eso no es siempre así, en primer lugar: al lector se le cuenta lo que se le quiere contar, cómo sé le quiere contar y cuándo se le quiere contar. A esto se le llama exposición y es el escritor el que decide cuando abre el grifo de la trama, cuando lo cierra y cuando deja “accidentalmente” que caigan unas gotas en un momento determinado.

Vayamos por partes, al lector no se le puede engañar, no se le puede decir que algo es de determinada manera y de repente, sin justificación, sea diferente. Cierto es que se puede “jugar al engaño”, pero con unas reglas determinadas, puesto que se le deben ir dando al lector pistas de que es lo que está pasando en realidad y cuando se descubra la verdad el lector sea caoaz de decie: “claro, por eso en aquel momento ese personaje dijo eso, ahora todo cobra sentido”. Un escritor puede creerse muy listo y hacer un engaño que sólo es resoluble en su cabeza y jactarse de que la trama ha ido siempre por un derrotero determinado, cuando no había forma humana de saberlo si no era estando dentro de la mente del autor.

¿Pero que tiene que ver jugar al engaño con el fuera de plano? Bastante: todo lo que ha llevado a ese engaño ha sucedido fuera de plano, todos los motivos para ello se desvelarán, pero cuándo empieza la historia ya han comenzado y hasta el final no se hablara de ellos de forma implícita.

¿Qué es entonces el fuera de plano? Pues es todo eso, que no se ha narrado aún, pero que tiene importancia para la historia, porque, o bien la ha provocado o bien la afectará de una manera u otra, en un futuro.

Pongamos un ejemplo: supongamos una pareja de novios, que está en el aeropuerto esperando a que su vuelo salga. Al ir a pasar los controles de seguridad uno de ellos no encuentra el pasaporte, lo busca por todos lados pero no aparece, entonces le dice a su pareja que coja el avión, para no tener que pagar de nuevo por su billete también, acepta la propuesta y acuerdan que en cuanto encuentre el pasaporte exteaviado volverá al aeropuerto y cogerá el primer vuelo que le sea posible. Ya que es un relato con narrador protagonista, este se centra en el que no olvidó su pasaporte, relata como embarca y como echa de menos a su pareja, como llega el hotel y pasa su primera noche a solas, hasta que al mediodía llega su pareja. Ambos felices por el reencuentro.

El viaje termina y ambos vuelven a casa, al cabo de unas semanas, el protagonista que descuidó su pasaporte confiesa que no fue accidental, que todo fue una estratagema para poder estar con otra persona, que ya sacó su billete para el día siguiente desde el principio.

En este ejemplo el fuera de cámara es la infidelidad de uno de los protagonistas sobre el otro. El fuera de cámara se da justamente por el tipo de narrador, ya que en los relatos con narrador protagonista sólo se pueden narrar los hechos que el o la protagonista vee con sus ojos o le cuenta alguien.

Como podemos ver que entra dentro de plano y que no lo define el narrador, o mejor dicho, los límites de la visión de este.

¿Pero y en el caso de un narrador omnisciente, que se supone que lo ve y sabe todo? Pues en ese caso es el escritor el que decide, por un serie de motivos, que el narrador en ese momento estaba mirando para otro lado.

Eso de que “el narrador mire para otro lado” puede sonar raro, pero a veces es conveniente alejar la acción de algunoa personajes, para que tengan un momento de soledad y respiro y que esa escena les pertenezca sólo a ellos. Es evidente para todo lector que van a tener su momento y con toda seguridad afecte posteriormente a la historia y se narre luego, a modo de recuerdo, pero hasta que eso pase habrá sido su fuera de plano particular, mágico e irrepetible, y justo así es cómo debe de llegar al lector, para mantener toda la esencia especial que se le quería dar a ese momento al hacer que ocurra fuera de los ojos de lectores y narrador.

Bien, pues eso es todo por hoy, recordad que a veces, las mejores historias son las que ocurren cuando no se nos permite mirar, porque si lo observasemos, de alguna manera, perdería importancia y trascendencia.

Sed buenos, nos vemos el miércoles a la misma hora.

Un saludo.